13.04.2012 | MUNDO LABORAL
Nuevos desafios: avanza la "Generación Y"
Son
emprendedores, optimistas y priorizan, sobre todo, la realización personal.
Llegaron para cambiar viejos paradigmas.
Marina Daporta / Especial
para Clarín MUJER
Hay un nuevo compañero de trabajo en la oficina. Mientras gran parte de los
empleados comienzan su día con una taza de café y un gran esfuerzo para
despabilarse y ponerse a trabajar, él llega con una sonrisa, lleno de
optimismo. Asume sus tareas con entusiasmo e incentiva al resto a adoptar su
actitud. Pero, eso sí, cuando advierte las señales de que ese trabajo no es
para él, no puede desarrollarse o siente que se aburre, lo abandona en busca de
un lugar que lo haga más feliz, o para emprender una actividad propia.
Él es el happyshifter, un nuevo perfil de jóvenes profesionales que asume el
trabajo como un camino más hacia la realización de su propio proyecto personal.
Los happyshifters son fieles representantes de su época. Representan a la
“Generación Y” -nacidos entre 1981 y 1997-, y son en gran parte los
responsables del surgimiento de nuevos paradigmas laborales. “Estas personas
son proclives a trabajar en equipo y una de sus iniciativas más valoradas es la
enorme capacidad para realizar tareas en simultáneo. Su filosofía es vivir el
día a día”, dice Pablo Molouny, gerente del portal de empleo Trabajando.com. La
irrupción de estos jóvenes en el mercado laboral, desde hace una década,
transformó algunas estructuras. “Suelen promover un mejor clima laboral,
mejores relaciones entre compañeros y con los jefes, ya que las jerarquías se
diluyen por la comunicación bidireccional. En general, logran una sinergia
entre los trabajadores que permite superar los objetivos y alcanzar mejores
resultados”, agrega Molouny.
“Esta generación se vincula con el trabajo de un modo diferente al tradicional.
Para ellos el trabajo es importante, aunque complementario para alcanzar la
plenitud”, dice Susan Arévalo Espinoza, especialista en recursos humanos y
gestión de talento.
El trabajo, así, pasa de ser un medio de subsistencia a un lugar de
realización. “Es una fuente de sentido para su vida. Por eso, cuando aparecen
situaciones disyuntivas, suelen tomar la decisión de cambiar de compañía o
largarse por cuenta propia”, apunta Molouny.
Para muchos, esto puede leerse como una falta de compromiso, pero en realidad
es la consecuencia de una insatisfacción.
Líderes del cambio
Cuando ocupan puestos de liderazgo, esta generación suele ser emprendedora,
optimista y poco conformista. Trasladan a su gente ese estilo y crean espacios
de participación. “Buscan eficacia en su equipo, estimulan la participación y
las capacidades de cada individuo. Son líderes que guían sin autoritarismo”,
describe Molouny.
Además de la realización personal, hay otras cuestiones que son prioritarias
para ellos. “Impulsaron en gran parte la preocupación de las empresas por el
impacto que el negocio genera en el medioambiente. También el fenómeno ‘great
place to work’, las encuestas de clima, los desayunos de trabajo, las políticas
de calidad de vida laboral son una pequeña muestra. Cuando esto se cumple, las
iniciativas que ellos proponen y que la organización adopta colaboran con esa
sensación de ‘acá esta bueno trabajar’, y eso genera un efecto poderoso”,
agrega Arévalo.
“Cada vez más los abanderados de estas nuevas concepciones del trabajo son los
jóvenes, pero afortunadamente también hay adultos mayores que adhieren con entusiasmo
a la tendencia”, asegura Paula Molinari, directora de la consultora Whalecom y
autora del libro “Turbulencia generacional”, en el que analiza y relata con
ejemplos estos fenómenos. “El conflicto se da cuando llegan a una organización
donde el trabajo es concebido como sacrificio, y allí sienten que no tienen su
lugar”, agrega. En muchos casos, esto sucede aún cuando tienen un cargo alto,
sueldos envidiables e inmejorables propuestas extralaborales. “No tiene que ver
con la satisfacción, sino con el ‘engagement’. El sueldo puede convenirles,
pero si no se sienten felices con lo que están haciendo, decaen”, señala
Molinari. Esos son los casos que, generalmente, terminan en la fuga del talento
hacia otra organización o hacia un proyecto personal. “Cuando la gente busca un
trabajo en el que se pueda sentir ‘engaged’ se va de los lugares en los que no
lo encuentra y esto genera una incomprensión total dentro de las empresas y en
su entorno”, apunta.
Otra cuestión que está muy relacionada es la gran valoración del tiempo
personal. Por eso, pasar horas en un trabajo que no los hace felices es
percibido como una pérdida de tiempo. En el país, las empresas aún tienen mucho
para aprender en materia de felicidad, realización personal, engagement y
nuevos paradigmas. “Las frases ‘tenés que bancarte ciertas cosas’, el ‘derecho
de piso’, ‘en el trabajo no se viene a hacer amigos’ y ‘dejá tus problemas de
la puerta para afuera’, entre otras, son ejemplos del mandato del sacrificio,
aún vigente. Esto no significa que los happyshifters no sean efectivos ni
eficientes. Lo son, pero valoran y están comprometidos con otras cuestiones.
Afortunadamente, en muchas empresas están trabajando para acercar las miradas y
complementarse”, concluye Arévalo.